La Cadena Fatal (Relato Cristiano)

Publicado: mayo 27, 2013 en Biblia, Relatos
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La única y verdadera ley es aquella que nos conduce a la libertad.

                                                                                                                   Richard Bach

Cierto capitán un día caminando por la playa, iba pensativo sin preocuparse en lo más mínimo en sus pies. Así es que no se dio cuenta que se extendía una fuerte cadena de hierro a través del sendero que seguía. Uno de los extremos de la cadena estaba fijo en una pesada ancla, el otro en una roca. Yendo ya de prisa y con el paso firme, distraído en sus pensamientos, dio su pie en uno de los eslabones con tal mala fortuna que, al querer retirarlo, todo esfuerzo era inútil.

Pidió auxilio el capitán y rápidamente unos hombres fueron en su ayuda, hicieron todo lo posible por sacar el pie del eslabón; pero, ya se le había hinchado, de modo que nada se pudo conseguir. ¿Qué hacer?, el caso urgía solución inmediata porque estaba subiendo la marea. Corrieron en busca de un herrero para que viniera a cortar el eslabón, vino el herrero; pero descubrió que sus herramientas no servían para el caso y hubo de volver por otras. De vuelta al infortunado, halló que el agua había subido tanto que le llegaba a la cintura.

El único modo de salvar la vida al desesperado capitán era amputarle el pie. Se buscó a un médico, el cual vino a toda prisa al punto de la desgracia. El capitán gritaba ya agonizando ¡Apúrense, apúrense sino será demasiado tarde! El médico saltó a un bote llevando al pobre capitán, que difíclmente podía sostener la cabeza encima de las olas. ¡Tarde! gritó el médico. Una impresionante ola se lanzó sobre el capitán, se oyó un grito espantoso, y… todo acabó. Las olas se lo habían tragado.

Esta es una historia verídica, es un hecho que tiene su aplicación espiritual a lo que diariamente estamos observando. El enemigo tiene sus cadenas, coloca sus lazos y uno tras otro el hombre queda atrapado, y se pierden el alma y el cuerpo. ¿Y en qué pecado te ha atrapado a ti?

Si es así, inútilmente llamas a tu socorro a libertadores humanos. No te queda otro remedio seguro, que acudir arrepentido al que ha “venido a buscar y salvar a lo que se había perdido” (Lucas 19:10), a Jesucristo, quien afirma de sí mismo: “Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Muchos “libertadores” han pasado por el camino de la historia humana; pero, el hombre y la mujer siguen con sus cadenas. El único que puede romper la cadenas que te atan es el Hijo de Dios, Cristo, el verdadero LIBERTADOR. Sólo si tú lo aceptas… Dios te bendiga.

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